viernes, 10 de julio de 2015

Barbas



A mí la barba en los chicos me gusta, eso sí con una cortita y bien podada, no una maraña en donde cueste localizar la boca.  Según la antropología,  la barba en nuestro pasado homínido era un símbolo de virilidad que atraía a las hembras, los peludos eran dueños de más testosterona y por ello tenían  éxito en la tierra, que no era otro que dejar una descendencia con genes saludables y garantizar la continuidad de la especie. La interacción con la cultura ha moldeado nuestra conducta biológica, pero es casi imposible que no se nos escapen comportamientos heredados de nuestros ancestros. Mi atracción por las barbas debe ser uno de ellos.

La barba ha sido asociada a la sabiduría, a los revolucionarios y en estos tiempos a los hipster, vale decir que también se asocia a los rufianes. Los actores de Hollywood la han puesto de moda después de una larga sequía metrosexual.  Lo cierto es que yo siempre le insisto a mi marido que se la deje, pero a él no suele gustarle para ir a trabajar porque le resta seriedad, aunque yo le digo que como él hace ciencia sus compañeros pensarán que algo grande se trae entre manos, la obsesión con los resultados de un experimento en curso no le deja tiempo para afeitarse, pero no le parece un argumento válido y sólo se la deja en vacaciones para complacer a la Neardental que llevo dentro. 

Por eso me ha encantado el trabajo de fotografía Fifty Fifty Selfie Barber Shop de este publicista brasileño.