"El único inconveniente era el fantasma del matrimonio a la fuerza. Pues no sé qué malos precedentes habían hecho prosperar en la costa la creencia de que las novias de Bogotá se hacían fáciles con los costeños y les ponían trampas de cama para casarnos a la fuerza. Y no por amor, sino por la ilusión de vivir con una ventana frente al mar".
![]() |
| Acantilados de los Gigantes. Tenerife. |
"El camino no era muy largo. Le propuse a mi abuela que fuéramos en coche, pero ella prefería andar. Fuimos bordeando los acantilados. Un instante, como paralizados por lo que se ofrecía a nuestros ojos, no pudimos menos que detenernos. Allí la tierra se precipitaba hacia el mar de manera inquietante. Ese decorado de fin del mundo inspiraba numerosos suicidios. Se me hacía extraño que alguien pudiera querer morir frente al mar, ante el espectáculo grandilocuente de la belleza terrestre.
Fragmento de la novela "Los Recuerdos" de David Foenkinos.
"Su único lujo era todavía más simple: una casa de mar, a dos leguas de las oficinas, sin más muebles que seis taburetes artesanales, un tinajero, y una hamaca en la terraza para acostarse a pensar los domingos".
El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez













































