"El único inconveniente era el fantasma del matrimonio a la fuerza. Pues no sé qué malos precedentes habían hecho prosperar en la costa la creencia de que las novias de Bogotá se hacían fáciles con los costeños y les ponían trampas de cama para casarnos a la fuerza. Y no por amor, sino por la ilusión de vivir con una ventana frente al mar".
Portugal es como esas personas discretas llenas de encantos
por descubrir. De las que no alardean de su atractivo, muy por el
contrario tienes que poner ingenio para conocer todos sus tesoros de
poquito a poquito. Conservan ese halo de misterio fascinante en
cada encuentro y te dejan con ganas de más. Una vez conocidas son tan entrañables que nunca se
olvidan.
Así es Portugal, siempre es un placer volver a recorrer
sus calles, fundirse en todos sus rincones para admirar la discreción de sus encantos.
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